Frente a la esclavitud contemporánea
La investigación periodística realizada por Marcela Turati, Thelma Gómez Durán y Eliezer Budasoff, publicada por Quinto Elemento Lab y ¿A dónde van los desaparecidos?, sobre lo que durante años ha ocurrido en la Sierra Tarahumara, en donde decenas de hombres han sido esclavizados, nos obliga a una reflexión profunda y urgente.
Escrito por: Mario Luis Fuentes
Lo documentado en la investigación Esclavos en la Sierra Tarahumara revela la existencia de territorios en los que la pobreza extrema, la ausencia – cuando no la colusión – del Estado y la captura criminal de economías locales posibilitan la degradación sistemática de la dignidad humana. Para quienes trabajamos en torno a estas realidades nos exige reflexionar crítica y urgentemente sobre nuestras responsabilidades éticas y sociales, pues todo esfuerzo resulta insuficiente.
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La pregunta fundamental que nos interpela es qué significa una realidad de esta naturaleza para quienes trabajamos desde la Universidad Nacional Autónoma de México y, particularmente, desde la Cátedra Extraordinaria sobre Trata de Personas y Violencias.
Una realidad así debe redefinir nuestro trabajo. Nos obliga a insistir de mejor manera en que la trata de personas y las distintas violencias, abusos y formas de explotación entrelazadas con ella no pueden seguir siendo entendidas únicamente como fenómenos criminales o problemas de seguridad pública. Lo que esta investigación muestra es la convergencia de múltiples violencias estructurales: desigualdad extrema, exclusión educativa, precarización laboral, desplazamiento forzado, abandono institucional, normalización social del sufrimiento, entre muchas otras que todavía no hemos sido capaces de comprender ni nombrar.
Implica también asumir que el trabajo académico debe ser mucho mejor y más contundente frente a formas tan radicales de deshumanización. La Universidad pública tiene la responsabilidad de generar conocimiento crítico y también de contribuir a construir nuevas formas de comprensión social capaces de romper la indiferencia, disputar la normalización de estas violencias y abrir espacios para la construcción de horizontes éticos y de dignidad para todas y todos.
Para la Cátedra, esto representa la urgencia de profundizar una agenda de trabajo orientada al estudio de las condiciones sociales, económicas, culturales y territoriales que hacen posible estas formas extremas de violencia en México e, incluso, avanzar hacia la construcción de una epistemología y una filosofía crítica capaces de interrogar estas formas de violencia radical, sus condiciones de posibilidad y los procesos sociales que las han hecho tolerables o invisibles.
- Significa fortalecer el diálogo entre investigación académica, periodismo de investigación, organizaciones sociales, instituciones gubernamentales, instituciones culturales y comunidades profundamente lastimadas por la violencia.
- Significa generar más espacios de encuentro capaces de nombrar aquello que durante demasiado tiempo ha permanecido oculto o ha sido relegado a los márgenes de la discusión pública.
- Significa preguntarnos cómo contribuir a construir mecanismos de prevención, alerta, protección y reintegración social que coloquen a la dignidad humana en el centro y que permitan reconstruir vínculos sociales profundamente erosionados por la violencia y el abandono.
Pero, sobre todo, implica reconocer que nos encontramos frente a una disputa ética y cultural de gran profundidad:
Una sociedad que permite que miles de personas sean sometidas a formas contemporáneas de esclavitud sin provocar una indignación colectiva permanente es una sociedad que corre el riesgo de normalizar la negación de la humanidad del otro y de erosionar progresivamente las bases mínimas de convivencia democrática.
El silencio nunca puede ser una opción y la exigencia a que el Estado cumpla con su obligación de proteger en el sentido más amplio a su población y su bienestar debe ser permanente y cada vez mayor.
Para ello, es fundamental reconocer que el bienestar no puede reducirse al otorgamiento fragmentario de beneficios; el bienestar constituye, esencialmente, una condición estructural de la vida colectiva y sólo puede afirmarse allí donde existen garantías efectivas para el ejercicio universal de los derechos humanos, entre los cuales la libertad y la integridad de la vida son fundamentales.
Mario Luis Fuentes
Titular de la Cátedra Extraordinaria “Trata de Personas y Violencias” UNAM
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