Unos 645 millones de personas sufrieron hambre en 2025. Aunque la cifra representa una ligera mejora, la ONU advierte sobre el avance de las privaciones extremas y el uso del hambre como arma de guerra. El Niño podría llevar a otros 49 millones de personas a la inseguridad alimentaria aguda hacia finales de 2027.
México social/ Redacción
La reducción del hambre en el mundo convive con un deterioro de las crisis alimentarias más graves. Mientras las cifras globales muestran una ligera mejoría, los conflictos, las restricciones al abastecimiento y los fenómenos climáticos extremos dejan a millones de personas sin posibilidades de alimentarse adecuadamente.
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Con motivo del Día Mundial de la Alimentación, conmemorado el 16 de octubre, Naciones Unidas llamó la atención sobre esa contradicción. El secretario general, António Guterres, recordó que unos 645 millones de personas sufrieron hambre en 2025, pese a que el mundo dispone de alimentos suficientes para toda su población.
La cifra mundial y las emergencias locales describen dimensiones distintas del problema. Una disminución del hambre en el conjunto del planeta puede coincidir con privaciones cada vez más intensas en territorios afectados por guerras o desastres. Por ello, el avance global requiere leerse junto con las condiciones de quienes enfrentan un riesgo inmediato para su supervivencia.
Sofía Monsalve Suárez, relatora especial de las Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación, denunció la falta de rendición de cuentas frente al uso del hambre como instrumento de guerra. En su primer informe temático ante la Asamblea General, señaló los ataques contra infraestructuras alimentarias y los obstáculos al suministro como factores que profundizan las crisis.
“Hasta ahora, el mundo ha respondido a este desafío con una alarmante ausencia de rendición de cuentas y con impunidad”, afirmó la experta independiente.
Sudán muestra la magnitud de estas privaciones. En mayo, cerca de 19,5 millones de personas, más del 40% de la población, enfrentaban niveles elevados de inseguridad alimentaria aguda. De ellas, unas 135.000 se encontraban en el nivel más grave, caracterizado por privaciones extremas y elevada mortalidad. Los combates, los desplazamientos y la sequía mantienen una presión especialmente severa sobre Darfur y Kordofán.
En Gaza, donde se confirmó una situación de hambruna en 2025, los avances posteriores al alto el fuego siguen siendo frágiles. UNICEF advierte que solo una fracción de los niños pequeños recibe una alimentación suficientemente variada y que las restricciones a las entregas comerciales amenazan la recuperación.
Las dificultades también se extienden a las rutas de abastecimiento internacional. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) alertó sobre perturbaciones simultáneas en el estrecho de Ormuz, Bab el-Mandeb y el mar Negro. Los problemas en estos pasos encarecen combustibles, fertilizantes y transporte marítimo, con repercusiones sobre el costo de la comida.
En septiembre, 16 países registraban una inflación alimentaria superior al 15%, frente a diez en enero. Las interrupciones logísticas afectan, además, los envíos humanitarios destinados a Yemen, Sudán y el Cuerno de África.
A estas presiones se suma El Niño. Según las proyecciones del PMA, sus efectos podrían llevar a 49 millones de personas adicionales a la inseguridad alimentaria aguda en 45 países hacia finales de 2027. Se trata de una estimación de riesgo futuro, distinta de la cifra mundial de personas que sufrieron hambre en 2025.
La innovación puede contribuir a anticipar y reducir esos impactos. Bajo el lema “Innovar hoy para alimentar mañana”, la jornada mundial destacó las posibilidades de las previsiones climáticas, la inteligencia artificial y las herramientas digitales. El PMA informó que sus innovaciones beneficiaron a 132,5 millones de personas en 75 países y territorios durante 2025.
Sin embargo, la FAO advirtió que disponer de soluciones no garantiza que lleguen a quienes las necesitan. Extenderlas a gran escala y hacerlas asequibles para los productores sigue siendo un obstáculo central.
El desperdicio añade otra dimensión a la crisis. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, cada día se desperdician más de mil millones de comidas, mientras enormes grupos de población carecen de una alimentación suficiente.
Para Monsalve Suárez, la respuesta exige detener los conflictos, reducir las cargas de deuda y reformar la arquitectura financiera internacional. La tecnología puede mejorar la producción y la distribución, pero su utilidad depende también de decisiones que permitan cultivar, transportar y obtener alimentos con seguridad. Proteger esas condiciones y garantizar que la ayuda llegue a tiempo serán tareas decisivas para evitar que las emergencias actuales se profundicen.
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Fuente: Noticias ONU, a partir del texto proporcionado. La relatora especial actúa a título independiente; sus opiniones no representan necesariamente la posición de Naciones Unidas.
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