UNICEF advierte que entre octubre y diciembre millones de niñas y niños vivirán en zonas con lluvias inusualmente escasas o abundantes. En comunidades del Corredor Seco centroamericano, las reservas de maíz de muchas familias apenas alcanzan para tres semanas.
México social/ Redacción
El fortalecimiento de El Niño encuentra a miles de familias de América Latina y el Caribe con cosechas perdidas, ingresos reducidos y dificultades para conseguir agua. Según un nuevo análisis de UNICEF, unos 41 millones de niñas y niños de la región vivirán entre octubre y diciembre en zonas donde se esperan lluvias muy por debajo o por encima de lo habitual, con riesgos para su alimentación, salud y seguridad.
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La estimación forma parte de un panorama mundial que abarca a más de 347 millones de niños y niñas en casi 100 países y territorios. Las cifras corresponden a población infantil expuesta a condiciones meteorológicas previstas; la magnitud de los daños dependerá de las condiciones locales y de las medidas de protección.
“Para los niños y niñas, El Niño es mucho más que un fenómeno meteorológico. Puede suponer un aumento de los desplazamientos, la malnutrición, la escasez de agua y los brotes de enfermedades”, advirtió Catherine Russell, directora ejecutiva de UNICEF.
Cosechas perdidas y reservas que se agotan
Una de las situaciones más preocupantes se encuentra en el Corredor Seco de Centroamérica, donde la falta de lluvias ya afectó la primera cosecha del año.
Una evaluación realizada en 354 comunidades de Guatemala, Honduras y El Salvador encontró que casi ocho de cada diez hogares productores de maíz habían perdido entre 75% y 100% de su cosecha. Cerca de dos tercios contaban con reservas de ese grano para tres semanas o menos.
Más de 91 mil hogares rurales enfrentan simultáneamente pérdidas agrícolas, menores ingresos y escasez de agua. Si también falla la segunda cosecha, conocida como postrera, el periodo de escasez podría prolongarse y aumentar las necesidades alimentarias y nutricionales durante 2027.
El deterioro ocurre en países donde muchas familias ya tienen dificultades graves para alimentarse. De acuerdo con el resumen regional de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), 3 millones de personas en Guatemala y 1,8 millones en Honduras se encuentran en situación de crisis alimentaria o peor.
Sequía en unas zonas, inundaciones en otras
El Niño se desarrolla cuando las aguas del Pacífico tropical central y oriental se calientan por encima de lo habitual. Ese cambio altera la circulación atmosférica y modifica los patrones de lluvia y temperatura incluso a miles de kilómetros de distancia.
Las previsiones citadas en la información de Naciones Unidas indican que el episodio de 2026-2027 podría situarse entre los más intensos registrados. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos estima una probabilidad superior al 90% de que alcance una intensidad “muy fuerte” durante el otoño y el invierno boreales. También calcula una probabilidad de 75% de que su magnitud entre octubre y diciembre supere la de los episodios observados desde 1950.
Los efectos, sin embargo, serán distintos dentro de la región. En Centroamérica, el Caribe y buena parte del norte de Sudamérica se esperan menos lluvias y temperaturas más altas. En sectores de la costa pacífica sudamericana, incluidas partes de Ecuador y Perú, podrían presentarse precipitaciones superiores a lo normal, inundaciones y deslizamientos.
Estas previsiones no permiten atribuir automáticamente a El Niño cada sequía, incendio o inundación. El impacto depende también de la época del año, las características del territorio y las condiciones de vulnerabilidad de la población.
El agua, una preocupación compartida
En Cuba, alrededor de 2,6 millones de personas sufren interrupciones del suministro de agua. En Haití, la sequía vinculada a El Niño ha contribuido a pérdidas agrícolas y falta de agua en varios departamentos, agravando una situación alimentaria que ya era crítica.
Colombia y Venezuela enfrentan riesgos de sequía, altas temperaturas, incendios forestales y presión sobre sus fuentes de abastecimiento. Para Colombia, un análisis territorial estima que unos 4,3 millones de habitantes son susceptibles a interrupciones del servicio de agua.
UNICEF advierte que las condiciones más secas en ese país podrían afectar la agricultura, aumentar los desplazamientos y agravar la malnutrición aguda.
La Organización Panamericana de la Salud señala, además, que los cambios en las lluvias y las temperaturas pueden desencadenar varios problemas sanitarios. La escasez de agua dificulta la higiene; las inundaciones pueden contaminar las fuentes de abastecimiento; y el calor y las precipitaciones modifican las condiciones de transmisión de enfermedades como el dengue. A ello se suman los problemas respiratorios asociados con los incendios forestales.
Hasta mediados de septiembre, ocho países o territorios de las Américas habían declarado emergencias o alertas oficiales por amenazas relacionadas con El Niño.
Actuar antes de que aumenten las necesidades
El seguimiento del fenómeno permite anticipar sus posibles efectos con meses de antelación. Ese margen ofrece la posibilidad de proteger cultivos, asegurar el abastecimiento de agua y preparar los servicios de salud antes de que las necesidades desborden la capacidad de respuesta.
En Guatemala, Honduras y El Salvador, Naciones Unidas activó mecanismos de acción anticipatoria y liberó 10,5 millones de dólares del Fondo Central para la Acción en Casos de Emergencia (CERF), destinados a proteger a comunidades vulnerables frente a la sequía.
UNICEF señala que cada dólar invertido en prevención y reducción del riesgo de desastres puede ahorrar hasta 15 dólares en recuperación. Sin embargo, menos del 1% del financiamiento humanitario se destina actualmente a la acción anticipatoria.
Para las familias que ya perdieron buena parte de su maíz, la oportunidad de recibir apoyo tiene un plazo concreto: las pocas semanas que duran sus reservas y el resultado de la próxima cosecha.
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Fuente: Noticias ONU, con información de UNICEF, OCHA y la Organización Panamericana de la Salud.
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