Escrito por 5:00 am Destacados, En Portada, Mario Luis Fuentes

La complejidad y los retos del 2021

La complejidad y los retos del 2021

Cada año nos plantea nuevos problemas y retos; sin embargo, hay momentos que, por la magnitud de las circunstancias que se enfrentan, nos imponen obstáculos que tienen niveles superiores de complejidad.

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La pandemia de la COVID19 se ha prolongado mucho más allá de las proyecciones iniciales, y hoy estamos ante el peor momento desde su aparición, lo que nos ubica en lo que seguramente será uno de los momentos más difíciles de la humanidad en este siglo: las economías de todo el planeta enfrentan una semi parálisis, en medio de un clima político enrarecido, y con liderazgos regionales de tinte abiertamente antidemocrático, nacionalistas y ultranacionalistas, y contrarios al multilateralismo.

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Después de un año, hay lecciones que pueden comenzar a ordenarse: 1) los sistemas de salud robustos son una condición necesaria del desarrollo y para la capacidad de resiliencia de las sociedades: 2) los sistemas educativos más incluyentes, sustentados en un amplio y vigoroso sistema de generación de ciencia y tecnología son los que están enfrentando mejor los retos de la educación no presencial y la preparación para el retorno a las modalidades presenciales; 3) las economías basadas en modelos de desarrollo con alta inversión productiva y sostenible del Estado, y con sistemas fiscales progresivos, son las que están garantizando mejores condiciones para su población.

La pregunta obligada es entonces, cómo se encuentra nuestro país en esos rubros, por lo que es importante decir que estamos aún muy lejos de contar con un sistema de salud integrado, que garantice no sólo servicios médicos de calidad, sino que se vincule a un sistema de retiro que le dé perspectiva de vida digna a una población que está en un acelerado proceso de envejecimiento.

Es importante subrayar que fue justo en medio de la transición del Seguro Popular al nuevo esquema de un Instituto Nacional de Salud para el Bienestar, cuando nos golpeó la pandemia: cuando no había esquemas probados de funcionamiento administrativo, cuando no estaban listos los cambios estructurales en los esquemas de atención, y cuando todavía no se tenía el reordenamiento del acuerdo federal para echar a andar el nuevo modelo de atención a la salud.

La reacción de las autoridades ha sido insuficiente, y los saldos ya los estamos viendo: más de 125 mil defunciones en 2020 por COVID19, a las que se deberán añadir las muertes en exceso por otros padecimientos como la diabetes, la hipertensión y los tumores malignos.

En materia educativa, también la pandemia nos golpeó en medio del proceso de “reversión” de la llamada “reforma educativa” impulsada por la administración anterior. Aún no se consolidaba lo que se llamó “la nueva escuela mexicana”, cuando se tuvo que implementar sobre la marcha el modelo de “aprende en casa”, del cual aún no se tiene claridad cuándo y cómo habrá de regresarse a una educación presencial, sobre todo ante la advertencia de la Organización Mundial de la Salud, respecto de que la COVID19 muy probablemente se convertirá en un padecimiento endémico.

Desde esta perspectiva, preocupan los resultados de México en la Prueba PISA 2018: las niñas y niños de todo el país presentan muy pobres resultados para las áreas de ciencias matemáticas y lenguaje, situación que se agravará seguramente durante lo que dure la pandemia. El reto, por supuesto se encuentra, en cómo hacer para recuperar el tiempo perdido para millones de niñas, niños y adolescentes; y cómo hacer para evitar que tengamos una “generación perdida” en materia educativa.

Finalmente, se encuentra el otro reto estructural: cómo general los empleos necesarios, mediante un cambio estructural del modelo económico, que permita crecer para igualar a la población, y para mantener un proceso permanente y sostenible de generación de empleos formales y dignos.

Sin una reforma del Estado social de derecho que permita conducir hacia la construcción de un nuevo curso de desarrollo, México continuará a la deriva y expuesto a nuevas y quizá mayores crisis. De esta forma, lo que hagamos, pero también lo que no hagamos, habrá de definir el rumbo del país para las siguientes generaciones. No es poco lo que está en juego.

Investigador del PUED-UNAM

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