Escrito por 12:20 pm En Portada, Notas • 3 Comentarios

Veda electoral: de la reflexión a la decisión

Este 2 de junio terminan las campañas electorales que miles de candidatas y candidatos iniciaron hace dos meses en búsqueda del voto de la ciudadanía para ocupar los 20,415 cargos en contienda. De acuerdo con la legislación, a partir del primer minuto del 3 de junio inicia lo que en México llamamos “veda electoral”, que se conoce también, aquí y en otros países, como “silencio electoral” o “periodo de reflexión”. Esta veda o tiempo de reflexión concluirá en la noche del domingo 6 de junio, día de la jornada electoral, una vez que las últimas casillas del país hayan concluido con la recepción de votaciones.

Autor: Roberto Castellanos Cereceda

La veda electoral no es una rareza o exotismo particular de México. Es una práctica bastante común en muchos países. Con variantes en cada caso, el periodo de reflexión o silencio electoral existe en Alemania, Argentina, España, Estados Unidos, Francia, Italia, Portugal, Reino Unido y Rusia, entre otras naciones. Aunque en algunos países es obligatorio y en otros tan solo parte de un acuerdo entre los actores políticos, en la mayoría de los casos se reconoce que es importante suspender la intensidad de las campañas al menos las 24 horas previas al inicio de la elección y durante toda la jornada de votaciones.

Lee el articulo: Rubros a analizar en el proceso electoral

¿Qué está prohibido en la veda electoral en México?

Lo que la ley mandata es que durante los días de veda electoral deben suspenderse tres actividades esenciales. En primer lugar, la celebración de reuniones o actos públicos de campaña, de propaganda o de proselitismo electorales, así como su difusión en medios de comunicación.

En segundo lugar, la publicación o difusion, por cualquier medio, de los resultados de encuestas o sondeos de opinión que tengan por objeto dar a conocer las preferencias electorales de la ciudadanía, incluyendo encuestas de salida durante el día de la elección, que solo podrán publicarse una vez que hayan cerrado las casillas el domingo 6 de junio.

Y en tercer lugar, durante este periodo está prohibido difudir en medios de comunicación toda propaganda gubernamental, con excepcion de las campañas de información de las autoridades electorales, y aquellas que estén relacionadas con servicios educativos y de salud, o las que se requieran para la protección civil, en casos de emergencia.

En tiempos de Internet y redes sociales, hay que recordar que, como ya lo estableció el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (tesis LXX/2016), la prohibición dirigida a quienes ostenten una candidatura, de difundir propaganda electoral por cualquier medio durante la veda, abarca, entre otros aspectos, los mensajes que publican a través de sus redes sociales. Esta prohibición, ha establecido el máximo órgano jurisdiccional, representa una limitación razonable a su libertad de expresión para garantizar las finalidades de dichas normas. Es una medida que busca salvaguardar, además, el principio de equidad en la contienda electoral.

Equidad y pausa para ejercer el voto

En suma, durante estos cuatro días, los tres previos a la jornada electoral y el día mismo de las elecciones, del 3 al 6 de junio, ni los medios de comunicación, ni la ciudadanía pierden la libertad de expresión y pueden seguir con su labor informativa sobre temas electorales, siempre y cuando no se incluyan mensajes de ningún tipo que supongan proselitismo o propaganda política o electoral, ni de promoción de logros o actividades de gobierno más allá de las vinculadas con educación, salud y protección civil. Para este último caso, se entiende, la difusión de logros de gobierno puede incidir en las preferencias de la opción política a la que dicho gobierno pertenece, afectando la equidad de la competencia electoral.

En otras palabras, la libertad de expresión, que algunos consideran se violenta con las prohibiciones de veda electoral, en realidad se mantiene todo el tiempo, acaso de forma acotada —razonable, como le llama el TEPJF—, siempre para favorecer un bien mayor: construir un espacio de silencio y análisis, que despeje del ambiente social la estridencia proselitismo y propagandística de partidos y candidaturas (hasta cierto punto natural en tiempos de campaña) para que la ciudadanía valore sus opciones, se forme una opinión respecto de ellas y decida a cuál favorecer con su voto el día de la elección.

La veda electoral es una medida que abona a la equidad y la certeza en la contienda, en la medida en que todos los actores políticos, partidos, candidaturas y gobiernos de todos los órdenes, ejerzan la muy necesaria disciplina de autocontención y autoregulación para suspender sus campañas y actividades proselitistas. Pero ante su falta, será inevitable que las autoridades electorales ejerzan, como los guardianes que son de las elecciones, sus facultades y atribuciones legales para imponer la sanción respectiva.

A su vez, y quizá más importante aún, el periodo de reflexión también es un llamado a la civilidad y a la construcción colectiva de un espacio cívico que contribuya a que la ciudadanía haga de su voto una decisión mínimamente informada.

Tres decisiones

Por razones de simplificación y como parte misma de las mismas campañas, partidos y candidaturas enfatizan que la decisión más importante es por quién votar. Pero esta no es la única decisión significativa. Desde una perspectiva ciudadana, cívica, se trata, en realidad, no de una sino de tres decisiones:

  1. Ir a votar. Parece una obviedad, pero no es intrascendente detenerse a valorar lo que implica el acto de ir a votar, independientemente de a quién se favorezca. Votar es un acto individual que refrenda la pertenencia colectiva a una comunidad; es un ejercicio político que nos vincula no solo con nuestro espacio más inmediato, nuestra colonia y vecindario, sino que también nos aglutina en una comunidad mucho más amplia que llamamos México. Votar es pertenecer, es exigir, demandar y reiterar que nos importan las personas y eventos que ocurren a nuestro alrededor, es una forma de expresar nuestros afectos por la vida compartida.
  2. Por quién votar y para qué. Idealmente, el voto a favor o en contra de una opción política debiera ser un sufragio informado y razonado, pero esto tiene las obvias limitaciones de acceso a información o de excesiva información y por tanto de falta de mecanismos de filtración. En todo caso, es cada vez más importante que al elegir por quién se vota, además de informarse debidamente, también se considere para qué se está votando por esa alternativa, qué es lo que se espera lograr.
  3. Qué hacer después de votar. Finalmente, una vez que se ha decidido votar y por quién, es necesario reflexionar y decidir sobre qué queremos hacer después de votar, qué solución de continuidad queremos darle a nuestro sufragio. Para ser parte de una comunidad de ciudadanas y ciudadanos es fundamental votar, pero solo como el comienzo de una historia compartida, acaso como un momento culminante, pero inacabado, de nuestro vínculo con la comunidad a la que pertenecemos. Esta tercera decisión es la menos reflexionada, pero no menos determinante que las anteriores, porque supone darle continuidad a lo que parece un acto fugaz: marcar una boleta electoral con nuestra preferencia individual en unos breves instantes.

Así que, este 6 de junio, tomemos la decisión de salir a votar.

Te invitamos a leer: LOS CLAROSCUROS DE LA PARTIPACIÓN Y EL ABSTENCIONISMO ELECTORAL

Roberto Castellanos Cereceda, Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y asesor de la Presidencia del Consejo General del INE.

(Visited 100 times, 1 visits today)
Comparte esta notícia
Cerrar